Discurso de John M. Ackerman en el homenaje y entrega del Premio Nacional de Periodismo Carlos Septién García 2011 a Miguel Ángel Granados Chapa

20 Octubre, 2011

No hay honor más grande en mi corta carrera periodística que haber compartido la mesa del programa “Encuentro” con don Miguel Ángel Granados Chapa, así como con Ricardo Rocha y Virgilio Caballero que aquí juntos rendimos homenaje al gran periodista. Con certeza a mis nietos les diré, y a mis hermosas hijas hoy ya les digo, con enorme orgullo, que no solamente tuve el honor de haber conocido al gran maestro, sino que tuve la gran fortuna de gozar de su amistad y de sus enseñanzas.

Lo poco que hoy sé del periodismo sin duda lo debo de forma notable a don Miguel Ángel y desde luego también a mi querido amigo Ricardo Rocha, aquí presente. Ricardo y Virgilio pueden atestiguar que no pocas veces los tres nos quedamos atónitos, sorprendidos, pasmados por la profundidad del conocimiento de Miguel Ángel sobre la cultura, la historia, el arte y desde luego el acontecer nacional.  Miguel Ángel era una enciclopedia viviente, un destacadísimo jurista, con una sofisticada capacidad de análisis e interpretación que en general es un bien escaso en nuestros días. Esta capacidad combinada con su gran amor por la lengua española y su enorme inteligencia y astucia para ir inmediatamente a las raíces de la problemática nacional era impresionante y ejemplar.

Miguel Ángel Granados Chapa es de esos grandes héroes de la fallida transición democrática que hoy vivimos en México.  La independencia de su voz crítica todos los días en Reforma y en Radio UNAM, así como todas las semanas en la revista Proceso, constituía un pilar de fortaleza, un referente firme y tan necesario, dentro de las arenas movedizas que suele caracterizar la política nacional.  Sin duda, sin la aportación de don Miguel Ángel estaríamos en una posición más difícil de la que estamos hoy.  Las instituciones públicas serían más cínicas, los poderes fácticos más voraces y la ciudadanía menos valiente y participativa.  Debemos a don Miguel Ángel mucho más de lo que nos imaginamos.  Gracias Miguel Ángel, gracias por enseñarnos el camino cuando todo parecía ser oscuridad y desesperanza.

El periodismo en México vive hoy momentos difíciles, aunque también está lleno de potencial y de esperanza.  Recuerdo que hace varios años, como un radioescucha más, escuchaba el programa  “Encuentro” y me quedó muy grabada una intervención de Virgilio Caballero cuando discutía con Miguel Ángel, Ricardo y Lorenzo Meyer sobre el duopolio televisivo.   Virgilio resaltaba el hecho de que si bien no existe una verdadera competencia comercial entre las empresas más importantes, sí existía una competencia entre las principales televisoras para ver cuál de ellas denigraba más la condición humana.  La Iniciativa México y el Acuerdo para la Cobertura de la Violencia son simples cortinas de humo para cubrir y legitimar esta competencia perversa que también es responsable por la violencia y la crisis humanitaria que hoy vivimos en México, y que sufren de manera particularmente aguda los periodistas del país.

Pero México es un país de enormes contrastes y contradicciones y aunque tenemos muchos rezagos en los medios de comunicación electrónicos,  nuestro periodismo escrito y de investigación es una de las mejores del orbe.  Países con un nivel de desarrollo mayor al nuestro no cuentan con un grupo de profesionales de la comunicación tan valientes e inteligentes como los que tenemos laborando en los principales medios independientes en México.  Y esto sin duda también lo debemos al Maestro Miguel Ángel Granados Chapa.  Su ejemplo como escritor, su apoyo personal como amigo y colega y su visión institucional cuando estuvo a cargo de responsabilidades directivas, han sido motores imprescindibles para el avance del oficio periodístico en el país.

Hoy todos quienes hemos seguido de cerca y tenido el honor de trabajar con don Miguel Ángel le decimos gracias, adiós y hasta siempre.  Hoy su impronta nos deja la enorme responsabilidad de honrar su memoria poniendo nuestro granito de arena para “dar cumplimiento”, como solía decir Miguel Ángel, a favor de la honestidad y valentía periodística que predicó con su ejemplo a lo largo de su fértil carrera.

 

México, DF;  20 de octubre de 2011
Salón de Sorteos de la Lotería Nacional

 

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